jueves, 24 de octubre de 2013

Lunes

En la comisaria me miraban circunspectos, como si yo estuviera mal de la cabeza. 
Esta vez si que estuve allí y así lo cuento, con pelos y señales
Era otra vez lunes por la mañana cuando desperté el jueves. El agua tamborileaba nerviosa sobre el alféizar. Llevaba cuatro días seguidos despertándome de igual manera, sin necesidad de esperar que sonara el despertador. Lluvia, desayuno, trabajo, comida exprés, trabajo, besos, cena, besos, sueño y otra vez lunes, lluvia, tamborileo sobre el alféizar, despertar, desayuno... 
La lluvia me despertaba cada mañana de igual manera, igual que el lunes, que el martes y el miércoles, así que el jueves, según el calendario, en un arrebato de furia mañanera salí de casa dirección a la comisaria para denunciar que alguien en algún momento y sin contar con nadie decidió llamar los lunes con otros nombres, obligándonos, en una conspiración a gran escala, a tragarnos el hecho de que no vivíamos en un déjà vu eterno donde todos los días era lunes. 
Si, y yo me lo trago. 
Va ha ser que no.

Lunes