lunes, 12 de marzo de 2018

Perdida

Estaba loco por saber que había sido de ella, significaba tanto para mi, era mi amuleto.
Llevaba días sin verla... perdida... desaparecida, una locura.
Loco y triste, tan triste y loco... pobre de mi...
Desde el día de su desaparición me quedé en casa imaginando historias  y aventuras que llevaban su nombre.
¿Donde estaría, las manos de que afortunado o afortunada la estarían tocando?
¿La cuidarían bien?
¿Seguiría aun en Madrid?
Hasta que un día, al pasear de la cocina al baño y del baño al dormitorio, tropecé con mi gato que tenia la muy mala costumbre de meterse siempre entre mis patas, y para evitar la tragedia de transformarle en alfombra, di un brinco con tan mala suerte que mi calva prominente encontró de manera violenta el marco de la puerta y en el aterrizaje desequilibrado y forzoso, mi nariz, tuvo el disgusto de conocer la dureza del suelo de baldosa del piso.
Y ahí, entre las estrellas, entre las nubes, verdes, blancas y azules algo centelleante, debajo del armario, me llamó la atención. Estiré la mano... no me costó alcanzarla... la levanté y la acerqué a mis ojos que empezaban a recuperar la lucidez. 
Ahí estaba... mi pluma perdida. 


8 comentarios:

  1. Uy por lo menos la encontraste a pesar de chichón. Me gusto volver a leerte. Te mando un beso

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  2. Pues me alegro de que la hayas encontrado!! Un placer leerte. Besotes!!!

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  3. Bueno, a contracorriente, todo el mundo abandonando los blogs y tú creas uno, te seguiré por supuesto. Un abrazo.

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    1. El blog se creo en 2012. Gracias por acercarte. Un abrazote.

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